Protestaron y exigieron reubicación. El eco de los niños llegó hasta la Mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ordenó el traslado y entregó un nuevo terreno.
La FIFA insiste en que el balón no entiende de guerras, sanciones ni ideologías. Sin embargo, el Mundial de 2026 demostró que la geopolítica también puede entrar a la cancha.
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