Se preguntaba ayer, y con mucha razón, Gerardo Esquivel ¿Quién cuida a la Presidenta?
Gerardo ponía dos asuntos como ejemplo: “el tema de las llamadas pensiones doradas y la manoseada reforma electoral”. Y explicó con claridad como alguien de su equipo o su gabinete no habían hecho su trabajo de la manera que tenían que hacerlo y, por lo tanto, la que gracias a la mañanera quedaba mal era la Presidenta.
En las últimas semanas hemos tenido dos ejemplos más que plantean el mismo dilema.
El de la colección Gelman y su largo próximo viaje a España y el menos importante pero igual de significativo de la persona asoleándose en Palacio Nacional.
¿Cuánto tiempo tardó la Secretaría de Cultura en intentar aclarar con seriedad y documentos lo que sucede y sucederá con la valiosísima colección de arte? ¿Cuántas cartas de expertos y académicos tuvieron que circular? ¿Cuántos artículos en la prensa? Las dudas de si en verdad estaba enterada la autoridad de lo que estaba pasando con la colección solo aumentaron por las “respuestas”, que más bien eran, como en tantas cosas, ataques contra quien preguntaba como la que se volverá clásica: porqué no lo dijeron hace veinte años (nada más le faltó mencionar a Calderón) o… ahí esté y ni siquiera la van a ver. En fin, un desastre.
Peor aun cuando un órgano que depende el gobierno y que, no se rían, dice que existe para señalar las noticias falsas publica su propia falsedad con tal de atacar para dizque desmentir a quien considera enemigo; para solo tener que ser desmentido…Por la propia presidenta Sheinbaum días después.
Durante el sexenio pasado, López Obrador dejó claro que para él era más importante la lealtad —90 por ciento— que la capacidad —10 por ciento—. Los resultados de esa política de recursos humanos, por llamarla de alguna manera, ya la tenemos clara.
El problema en este sexenio es que aquellos conceptos están revueltos, o hay muchos confundidos. Cada vez nos queda más claro que muchos entienden, como entendían, lo de lealtad dirigida al fundador y gran líder y eso no se traspasa tan fácilmente. Luego está lo de la relación entre capacidad y lealtad, porque al final de cuentas pocas cosas hay más leales que no hacer pasar malos momentos a quien, se supone, eres leal. Es decir, hacer las cosas bien, quitarle problemas, ofrecer soluciones; es decir, ser capaces.