Que el episodio de Bolaños deja al desnudo una realidad incómoda para Pablo Lemus: en el Congreso de Jalisco, ni los suyos hacen caso a sus directrices. No se trata solo de que la oposición haya votado en contra de su advertencia. Es que el propio coordinador de Movimiento Ciudadano, José Luis Tostado, y la bancada naranja—encabezada también por Verónica Jiménez— decidieron ignorarlo. Lemus reveló que los reunió, que les pidió específicamente esperar la resolución del Tribunal Electoral (sobre el cambio de régimen), y aún así, los diputados de su propio partido le volaron la instrucción. Eso no es un simple desacuerdo; es una demostración de que el gobernador carece de una fracción legislativa propia.
Que ahí va la historia de llegar a casa con las dos piernas fracturadas, el cráneo golpeado y un solo mensaje: “Ya estaba cansado de los abusos”. Así de brutal es el testimonio de un hombre que escapó de un anexo en Guadalajara. La escena es estremecedora porque evidencia lo que ya es un secreto a voces: los centros de rehabilitación clandestinos operan como cárceles privadas donde la tortura es moneda corriente. Y lo más grave es que el Estado, a través de Coprisjal y las autoridades de gobierno, ha sido cómplice por omisión. No hay supervisiones efectivas, no hay filtros para quién opera estos lugares, y la ciudadanía termina siendo rehén de un sistema paralelo que secuestra y castiga con impunidad.
Que la Secretaría de la Defensa de la Nación (ahora mejor conocida como Defensa) volvió a dar una muestra de su efectividad en un operativo en el municipio de Zapopan. Mientras los criminales ya estaban empaquetando droga como si fueran dulces y golosinas, los militares llegaron, catearon y desmantelaron todo un laboratorio, donde les ponían marihuana a los productos. Sin ellos, difícilmente se habría logrado un golpe tan contundente contra esta red perversa que apuntaba a los niños.