Me cuentan los que saben que todo lo saben y lo que no lo inventan, que la oposición whitexicanista, fifirisnais, prianista y trumpista está organizando aquelarres, ritos satánicos, exorcismos y misas negras con el fin de que la Selección mexicana caiga abruptamente con los coreanos. En su muy torcida derechuequez, esperan que se apague la mexicana alegría, desbordante y desaforada para darle paso a su sueño dorado de que su narrativa de una patria triste y miserable por culpa de la Dictadura de la Cuatroté, prospere. Y es que la fiesta sin fin que se ha manifestado en todos lados no checa con esa imagen de un México triste, ojeroso, cansado y sin ilusiones que la opo tan neciamente se ha esforzado en propagar como una enfermedad venérea.
No se vale que el sector ultraderechoso se haya esforzado tanto en mostrar un México con hambre de sed, como diría la excandidata del PRIAN, para que hasta los influencers y aficionados extranjeros a los que habían programado para ver una nación al borde del comunismo maldito, aparezcan en las redes y en los medios, todos vueltos locos desmintiendo a los masiosares.
Y hablando de la señora X, fue interesante que coincidiera con Loret de Mula cuando alegaban que los boletos eran tan costosos en el Goloso de Santa Úrsula, que solo podían estar ahí ratas de dos patas, animales rastreros y escorias de la vida. Y lo que por ahí pulularon eran los políticos del PRIAN, la Loka Academia de Miramones y vendepatrias, incluyendo a la señora que se hizo millonaria vendiendo gelatinas.
Todo tan mal para el sector opositors, que no hubo protestitas cursis con pañuelos blancos y al tío Pinchi se le descubrió su verdadera personalidad como therian de Trump en versión de hembra canina.
No puede ser que vengan coreanos a zambullirse en los chapoteaderos de una mexicanidad alucinante, desmesurada y apapachadora. Gringos, escoceses, alemanes, colombianos y suecos anuncian que quieren ser de esos mexicanos que nacen donde se les da su chingada gana como decían Chavela Vargas. Y en Tijuana la banda grita aquello de “¡Irán, hermano, ya eres mexicano!”.
Uno no valora lo que tiene hasta que ves a la extranjeriza ponerse la verde, gozar con una salsa bien picante, retando a la Venganza de Moctezuma, metidazos en el goce pleno de surrealismo tricolor que supera a la fantasía más delirante de la Inteligencia Artificial.
Alguien tendría que explicarle a la oposición que, aunque pierda el TRI, la alegría ni la fiesta serán secuestradas ¡Cómprense una vida!