Me complace sin lugar a dudas que un personaje de la talla moral, cultural, académica, política y emocional como el dotor Sergio Mayer, contemple la posibilidad de convertirse en jefe de Gobierno.
¡Por vida de Dior! Un estadista de su magnitud por supuesto convertirá a la Ciudad de México en una versión mayestática de la Casa de los famosos. Esto emociona, encanta y construye en los capitalinos una sensación de gozo. Ya me imagino a mi Serch instaladazo en la padroterapia intensiva absolutamente plenipotenciaria.
¡Aplausos!
Y todavía hay gente malvada que está cuestionando esta noble aspiración, sólo porque Mayer tiene basada su trascendencia social en una bolita que le sube y le baja, porque no se acuerda en donde estudió sus maestrías y doctorados y porque en cualquier momento puede dejar abandonada la gran ciudad para irse a chambear a algún programa de concursos tipo Sube Pelayo sube.
Por supuesto, esta clase de posibilidades no las podemos soslayar, pero sería un terrible error que por nuestros prejuicios comunistoides nos pudiéramos perder la dicha inocua de vivir en carne en propia que Mayer convierta a Chilangolandia en un congal. En un antrazo de fantasía, hecha de artificios e invenciones donde prevalezca la lógica del NRDA.
Una tierra donde cundirá la demagogia, pero una demagogia a go-go. Una ciudad que no sería ni de derecha ni izquierda, sino todo lo contrario, para no caer en la maldita tentación de los radicalismos que tanto detesta mi Sergito.
Claro, alguien dirá que antes de darle esa oportunidad a Sergio Meyer habría que someterlo a ciertas pruebas para saber de qué lado masca la iguana ideológica. Por ejemplo, saber desde ahorita qué tan monrealista es, si quiere ser un rey al estilo Donald Trump, si le rendirá culto a Satanyahu y si quiere producir strippers del Bienestar. Saber a ciencia cierta el diputeibol en efecto cree que Javier Milei se inspiró para sus bailes en las viejas coreografías de Garibaldi; si piensa que el tío Pinchi no es ni clasista ni machista y es todo un humanista.
Igual es fan de Alazraki y odia a los que se burlan de Fraudelson por decir que AMLO es el culpable de caos en el Azteca.
Mucha gente piensa que si Mayer no ganó ni un voto en la contienda de la Casa de los famosos, sería muy difícil que alguien se acercara a una urna para apoyarlo. Hombre, si convenció a los de Morena para que le dieran dos veces su curul, es posible que logre embaucar con su labia por lo menos a unos 18 o 20 votantes.
No se rían.