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  • Casting, pulseras y pruebas de VIH. Las fiestas privadas donde se puede tener sexo

Un concepto que trae a México espacios seguros, confiables y sanos para ejercer la sexualidad | Especial

Con registro previo, brazaletes para identificar preferencias y pruebas rápidas de VIH, fiestas exclusivas se volvieron un exitoso emprendimiento. Son un desafío a los prejuicios y la culpa.

DOMINGA.– El día que Gustavo y Damián entraron al Cinema Río entendieron, sin necesidad de decirlo, que ese no era el camino. Recorrieron esos pasillos en penumbra, pisaron alfombras húmedas y sucias, respiraron olores rancios y observaron encuentros sexuales sobre butacas viejas y manchadas. Pagaron 50 pesos para entrar y salieron con una idea clara: si el sexo iba a ser el centro de su ritual, la precariedad no podía ser parte de la experiencia. Había que inventar otra cosa.

Algo más parecido a lo que ocurre en los saunas del norte de la ciudad, Sodome, que también visitaron juntos en Polanco. En cuanto entraron, se dieron cuenta de que eso sí se acercaba a lo que buscaban: un sitio limpio y agradable, donde se pudiera tener sexo de forma higiénica, divertida, segura y amable.

Gustavo y Damián sabían que no podían ejercer su sexualidad en lugares no adecuados, sin higiene e inseguros
Gustavo y Damián sabían que no podían ejercer su sexualidad en lugares no adecuados, sin higiene e inseguros | Especial


Gustavo empezó a organizarlas de manera amateur. Invitaba a unos cuatro amigos por WhatsApp, sin cobrar cuota; después rentaba departamentos a través de plataformas como Airbnb y llegaba a reunir hasta veinte chicos. Pero las quejas de los vecinos eran constantes: que mucho ruido, que muchos hombres, que mucha gente salía hasta tarde. Fue entonces cuando conoció a Damián, quien le propuso convertir aquello en un negocio estructurado y dejar de hacerlo gratis. Qué pasaría si lo hicieran en un sitio más grande, con temáticas especiales y toda la seguridad necesaria, sin presencia de drogas ni el acceso a menores de edad. Así comenzó el negocio del sexo.

Cum Party es un emprendimiento de “fiestas para adultos”, un eufemismo para ir rompiendo el pudor, que ambos mantienen desde hace dos años y que ha comenzado a ganar popularidad entre la comunidad LGBT+, aunque sigan cargando con el peso del tabú en México. No son clandestinas ni peligrosas, insisten quienes las organizan; las anuncian como eventos privados y la legalidad se cuida con “precisión”. Al ser eventos privados no hay ilegalidad en sí misma, insisten.

Este concepto no se ha quedado ahí. El mundo heterosexual también ha encontrado sus espacios sin prejuicios para explorar el sexo consensuado con luces tenues y maneras divertidas. Los creadores de Sadotech dicen que el suyo, creado un par de años antes, no nació para provocar, sino para educar. En ambos conceptos los asistentes pagan entre 600 y 800 pesos. Y hay distintos tipos de entradas: las VIP, las VIP Premium, para quien sólo va a observar, las que definen las preferencias –además de las pruebas rápidas de VIH–, que incluyen tragos, cangureras con lubricante, condones y poppers (nitrito de isobutilo que inhalado sirve como vasodilatador y se utiliza especialmente para el placer sexual). Cada fiesta es un espacio de libertad, un sitio que desafía los prejuicios.

Las fiestas VIP que convirtieron el sexo en ‘marketing’

Cada fiesta es un espacio para explorar nuevas maneras de ejercer la sexualidad
Cada fiesta es un espacio para explorar nuevas maneras de ejercer la sexualidad | Especial


Damián ya había asistido a este tipo de fiestas en Europa y tenía claro cómo mantenerlas en un estatus alto y seguro. “Así que nos asociamos”, cuentan a DOMINGA en una cafetería de Reforma 222, una mañana de miércoles en la Ciudad de México. Estoy frente a un par de jóvenes, debajo de los 30 años, ambos profesionistas egresados de universidades privadas, atractivos, varoniles, y con un talento nato para los negocios. Juntos construyeron su propia “Disneylandia gay”, un espacio donde cumplen –y hacen cumplir– las fantasías sin tabúes ni miedos.

“Era 2021 y yo trabajaba en una empresa. Justo cuando comenzó la pandemia de covid me fui a vivir solo, con la ‘cosquillita’ constante de vivir la experiencia de una orgía. Quería ver de qué se trataba, qué se sentía. Así que me atreví y empecé a ir a ciertas reuniones a las que me invitaba gente que conocía por redes. Pero no me gustaban: no me hacían feliz por el tipo de gente, por la dinámica; había mucho consumo de drogas. Entonces pensé que yo podía hacerlas a mi gusto. Inauguré mi departamento y rápidamente creció un 300 por ciento en participantes”, dice Gustavo.

Su historia no se aleja demasiado de los libros de emprendimiento o start-ups, que narran aquellas historias de éxito que nacieron en algún garaje de San Francisco. Cinco años después, lo que comenzó con un grupo de WhatsApp de cinco integrantes hoy suma más de 200 miembros y pasaron de llamarle orgías a convertirse en un concepto de marketing. Crearon sus cuentas de redes sociales y una página de internet para anunciar las fiestas, conocer gente, y tanto es el éxito que ya cuentan con publicidad.

Todo empezó por recomendación de boca en boca y por reglas muy específicas: cero tolerancia a las drogas e incluso pruebas rápidas de VIH antes de entrar. Y por supuesto, la norma más importante: “Aquí no se viene a hacer amiguitos ni a enamorarse”, dice Damián. Con el tiempo comenzaron a tener sus propias redes sociales y a promocionarse en apps de citas como Grindr. “Prácticamente cualquier gay que vive en la Ciudad de México y disfruta su vida sexual sabe o ha escuchado hablar de esta fiesta”, cuentan.

Los asistentes pasan por un ‘casting’

El registro en Cum Party se hace a través de su página web, así que todos los asistentes son aceptados previamente por sus anfitriones. “Tienes que hacerte miembro de la página y aplicar solicitud, básicamente checamos que sean perfiles reales, que sean mayores de edad, que sean adultos gay con consentimiento y que sepan a lo que van”, dicen. “Un 30% es rechazado y es porque son personas que tienen cierta fama, tal vez de acosadores o personas que suelen consumir drogas, incluso personas que usan fotos falsas y también con filtro. Se aceptan todo tipo de cuerpos. El promedio de edad de los asistentes está entre los 23 y 35 años”.

Hoy han aceptado ya a mil 500 hombres y hay 2 mil solicitudes en revisión. Damián reconoce que no está abierto para mujeres ni para la comunidad trans. Pero aquí todo puede pasar. “Somos muy discretos con los datos de nuestros clientes, la información es completamente privada. Si tú eres una persona discreta, una persona de clóset o estás casado con una mujer, puedes venir a esta fiesta porque quitamos celulares en la entrada y tus datos no se van a compartir”, explica.

La gran fiesta donde participan hasta 200 hombres se organiza cada dos meses en distintas sedes. Y esto ya creció de modo que rentan antros, salones de fiestas o casonas. “Cada fiesta es temática y ninguna igual que la anterior, al principio tuvimos locaciones, como caballerizas y hasta un ring de boxeo. Todo estaba diseñado para que pudieras tener relaciones ahí, pero rápido nos dimos cuenta de que a los clientes poco les importaba el mobiliario, sólo querían luz tenue e intimidad para los encuentros”, dice Damián.

Lo que sí nunca cambió fueron las reglas: entrar desnudo o en calzón, la ropa se deja en la entrada, en un casillero, al igual que las pertenencias personales, se les pregunta si son activos, pasivos o inter y se les pone un brazalete distintivo de distintos colores. Una regla más es el consenso y la cero tolerancia en el consumo de drogas. No hay letreros, no hay señalización, no hay acceso sin boleto. A todos los asistentes se les avisa antes la ubicación y se les envía por correo el boleto. El mayor riesgo no es jurídico, sino social, saben que en cualquier momento pueden recibir la mirada crítica de los vecinos y ser víctimas del oportunismo político, de la Liga de la decencia y el conservadurismo que señala lo que incomoda.

Anteriormente, las fiestas solían tener temáticas variadas.
Anteriormente, las fiestas solían tener temáticas variadas. | Especial

Así se arma el ambiente de una fiesta sexual

La fiesta comienza con una advertencia implícita: aquí no hay espacio para la pose ni para la soberbia. El ambiente es relajado, casi íntimo, construido a partir de una regla básica que lo sostiene todo: nadie viene a imponerse, nadie viene a mirar por encima del hombro. No hay espacio para la diva inaccesible o prepotente. Es un territorio donde el deseo se vive sin estridencias, con una ética clara de respeto y apertura.

Un DJ acompaña la noche con un volumen discreto, como si entendiera que aquí el sonido principal es otro. La iluminación es tenue, mayormente roja, y hay zonas donde la luz desaparece por completo. Los cuartos oscuros –imprescindibles, dicen sus organizadores– son de los espacios más concurridos. “El desmadre está ahí, sí, pero está en la libertad, en la posibilidad de explorar fantasías que rara vez encuentran un lugar legítimo”, dicen.

No es una fiesta pensada para romancear pero sí para la experiencia colectiva. El asunto empieza a las once de la noche y puede estirarse hasta las cinco de la mañana. En ese lapso, se puede tener sexo con dos, tres, cuatro o hasta diez personas por noche, los más aventados admiten haber tenido encuentros con veinte o treinta. No lo ven como una cifra escandalosa: son vivencias que siempre soñaron con tener.

Dentro hay comida para lograr la energía que se requiere, como fruta, barritas energéticas, incluso donas. Uno nunca sabe. Además hay agua, sodas y tragos. No es un detalle menor. En un contexto donde la energía importa, mantenerse hidratado y con algo de comer sin salir es primordial. “Ninguna otra fiesta similar en México ofrece algo así. Aquí estamos conscientes que se trata de una actividad física exigente y que tenemos que cuidar a quienes asisten”, dice Gustavo.

En el lugar hay música de DJ, pero con volumen discreto
En el lugar hay música de DJ, pero con volumen discreto | Especial
La diversidad en los cuerpos es clave. “Aceptamos todos los cuerpos, es cierto que los atléticos suelen llamar más la atención, sería ingenuo negarlo, pero no son los únicos que circulan con éxito. Los gustos son variados, a veces inesperados. Hay quienes se guían por una preferencia muy específica; otros por la química que surge en el momento. La experiencia ha demostrado que la actitud pesa tanto o más que el físico: cómo se acerca alguien, cómo mira, cómo se relaciona, así que alguien incluso con sobrepeso puede tener más éxito que un cuerpo atlético”, narra Damián.

Para quien llega solo, el lugar resulta ideal porque no hay obligación de hablar, de presentarse, de explicar quién eres o a qué te dedicas. A veces basta una mirada para llegar a un acuerdo silencioso. Aquí no importa el nombre ni la biografía.

Chicas, los heterosexuales también tienen sus espacios

El mundo heterosexual también ha encontrado sus espacios sin prejuicios para explorar la sexualidad y tener sexo consensuado. Comienzo la conversación con Steven Schiff, organizador, el Steven es un sobrenombre porque es mexicano, es ingeniero en audio con una maestría en Negocios de entretenimiento y DJ.

Sadotech, como nombró a su concepto, no nació para provocar, sino para educar, “creamos un sitio que desafía prejuicios”. Una vez al mes ocurren estas fiestas en algún lugar privado de la Ciudad de México. No se trata sólo de una fiesta, aunque la música –con DJs nacionales e internacionales– es una de sus principales cartas de presentación. Se trata de un espacio donde todo inicia con un reglamento que cada asistente debe firmar. Punto por punto se establecen límites claros: qué se puede hacer, qué no y bajo qué condiciones.

Las pulseras sintetizan esa ética del cuidado. La roja indica “no interacción”, personas que asisten únicamente a observar o existir en el espacio, muchas de ellas con neurodivergencias. La amarilla es para quienes se acercan por primera vez y piden cautela. Y aunque existe la verde, para los dispuestos a explorar, Steven insiste: nadie puede tocar a nadie sin consentimiento explícito. El “sí” es sí; el “no”, innegociable.

No hay cuartos oscuros. La decisión es política y práctica: garantizar que cualquier interacción sea visible y, por tanto, cuidada. En su lugar, disponen de playrooms diferenciados –para parejas, mixtos, exclusivos para mujeres y comunidad trans–, un calabozo BDSM (sadismo y masoquismo) con más de 15 mobiliarios especializados y un espacio de performance donde se exhiben distintas disciplinas eróticas como expresiones artísticas.

En el lugar también hay demostraciones eróticas como expresión artística
En el lugar también hay demostraciones eróticas como expresión artística | Sadotech


La seguridad no recae en cadeneros ni vigilancia externa, sino en la propia comunidad. “Son espacios heterosexuales seguros, algo que casi no existe”, dice Steven. Aquí, las mujeres pueden desnudarse sin ser acosadas, porque hay reglas, datos registrados y una corresponsabilidad colectiva que inhibe la violencia.

“Detrás del proyecto hay psicólogos, sexólogos, comunicólogos, mercadólogos y productores culturales [...]. El objetivo es claro: informar, acompañar y generar espacios seguros para comunidades históricamente estigmatizadas, como el sadomasoquismo, el mundo swinger, las identidades kinky, un término amplio para comportamientos atrevidos como el uso de fetiches para la excitación”, dice.

“Vivimos en un país profundamente reprimido”, explica Steven. La religión, el tabú y la desinformación han convertido a la sexualidad en un territorio de silencios que, lejos de proteger, suele detonar violencia. Sadotech surge como una respuesta a ese contexto: un lugar donde pensar, sentir y desear no implique castigo social”.

Sadotech ha reunido a una comunidad activa de alrededor de seis mil personas que los siguen en redes sociales. El boleto puede costar hasta 800 pesos, dependiendo del evento. A veces se incentiva la asistencia en pareja; otras, se abre el espacio de manera más inclusiva. La recomendación, sin embargo, es clara: ir acompañado, tener con quién procesar lo que se ve y se siente.

En Sadotech se pueden explorar actos 'kinky' que socialmente no son aceptables
En Sadotech se pueden explorar actos 'kinky' que socialmente no son aceptables | Sadotech

Presencia de ONGs para fomentar sexo seguro y responsable

Uno de los organizadores del Cum Party, Gustavo, creció en un entorno donde ser gay era pecado, donde incluso el autoconocimiento corporal se vivía con culpa. Pasó por terapias de conversión, por la confesión religiosa. Durante años la sexualidad le pareció algo malo. Vivió y creció en provincia, no fue hasta llegar a la Ciudad de México y escuchar a una sexóloga decirle que el placer no es incompatible con el cuidado ni con el respeto, que algo se acomodó dentro de él.

Hoy, a sus 33 años, se ha convertido en un referente: “amigos me llaman sin miedo cuando tienen dudas, infecciones, angustias, pueden decirme que tuvieron una práctica de riesgo y ahora notan algo raro en sus penes y lo hacen con naturalidad”. No juzga, acompaña. Hoy ayuda porque eso fue lo que él necesitó y no tuvo a nadie cerca. Organizar estas fiestas, dice, es también cerrar un círculo, transformar una fantasía reprimida en un espacio real, limpio, abierto y seguro, donde otros puedan vivir lo que durante tanto tiempo les dijeron que estaba mal.

Además Gustavo está seguro de que, tanto él como los asistentes a sus fiestas, tienen una sensación de seguridad que no existía en décadas anteriores. Colaboran con “Inspira Cambio”, una oenegé donde se fomenta el pleno ejercicio de la sexualidad y los derechos humanos de la comunidad LGBT+, apoya sus fiestas con información y pruebas rápidas para detectar y prevenir enfermedades. “Están presentes en todos los eventos, llevan su stand y su personal, hace pruebas de VIH y sífilis, además reparten dosis de PrEp”.

El PrEp se refiere comúnmente a la Profilaxis Preexposición, un medicamento antirretroviral que reduce significativamente el riesgo de adquirir el VIH al prevenir que el virus se establezca en el cuerpo, por lo que en cada fiesta se reparten dosis, aunque esta medida no protege contra otras infecciones. Es por eso que se reparten preservativos, aunque es personal la decisión de utilizarlos o no.

Damián y Gustavo reflexionan que, desde que el PrEp ya es más accesible para todos en México, la gente consideró que la enfermedad más riesgosa que es el VIH desapareció y, entonces, muchos de la comunidad han optado por dejar el uso del condón, “pero nosotros no lo fomentamos. De hecho, al inicio cuando llegas, te damos un sobre donde viene un lubricante y un condón y tenemos disponibles los condones que quieras durante toda la fiesta”.

Detrás de todo hay una reflexión más profunda. Una crítica directa a la educación sexual basada en el miedo y la culpa: la idea de que el sexo es malo, de que sólo es válido con fines reproductivos, de que el placer trae castigos. Frente a eso, estos espacios proponen otra narrativa: la del deseo responsable, la comunicación emocional, la posibilidad de amar y comprometerse sin renunciar a una sexualidad amplia.


GSC/ASG




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Cinthya Sánchez
  • Cinthya Sánchez
  • Periodista y Productora de Contenido. La investigación de sus historias se ha contado en libros, documentales y series. Ha recibido Mención Honorífica en el Premio Nacional Rostros de la Discriminación
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