En las últimas dos décadas, desde que el país entró en el túnel de la violencia que reparte tragedias por todas partes, los gobiernos, los medios hemos caído en una extraña obsesión con los números.
Nada molestaba más a los gobiernos de Felipe Calderón y, sobre todo, al de Enrique Peña Nieto, que se hicieran conteos diarios de cuántos homicidios sucedían en el país. De hecho, por ejemplo, en el gobierno de Peña Nieto intentaron borrar la obligación oficial y esconder las cifras.
Durante los gobiernos de López Obrador y ahora el de Claudia Sheinbaum se han agarrado de esa misma obsesión para “presumir” sus avances. Claro, siempre se pueden “acomodar” un poco las cifras y los momentos de comparación para lograr mejores porcentajes.
Esta obsesión ha hecho que muchas de las fiscalías estatales hayan desarrollado lamentables trucos para calificar los menos posibles homicidios con otros nombres y así hacer aparecer como que “van muy bien”.
La semana pasada Marcela Figueroa, del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), hizo una presentación de la situación de los desaparecidos en México, la otra tragedia que marca al país en los últimos lustros. Son 41 mil 328 personas desaparecidas, cuyos casos están registrados con los datos necesarios para su búsqueda y que, además, no han tenido actividad alguna después de que se reportó su desaparición.
Hay, sin embargo, más de 80 mil registros extras que o no cuentan con datos suficientes, o se han registrado actividades de estas personas después del registro.
El peor, el más grave de los números es otro: de todos esos casos hay solo 3 mil 869 carpetas de investigación abiertas.
Sí, sólo 3 mil 389.
Va. Nuestra obsesión por los números podría comenzar a aplacarse y ahora el gobierno, los gobiernos deberían hacer lo que los gobiernos se supone que deben hacer: existir.
Dónde está el nuevo programa o alguna sanción para que las fiscalías no ignoren a quienes denuncien una desaparición, para que no haya registros incompletos, para que alguien, algún día, de algún gobierno se ponga a buscar desaparecidos y no solo los familiares que entregan su vida, de por sí destruida, a tratar de encontrar a quienes les faltan.
Lo del Excel está bien, pero en esta tragedia lo que se necesita es otra cosa: política pública.